17/11/08

EL ÓMNIBUS

Iba un ómnibus, nuevo y de color azul cielo, por la carretera que unía una cuidad de los suburbios con otra muy grande: Los Ángeles.
El ómnibus estaba casi lleno, sólo dos de sus asientos aun estaban libres.
El chofer, un hombre de rostro delgado, pálido y muy serio, con la vista fija en la carretera, no prestaba atención a la amena conversación de sus pasajeros ni al jolgorio de los de más atrás, y sin apuro, conducía el vehiculo a mediana velocidad.
De pronto, al voltear por un recodo, vio no muy lejos un tumulto de carros y gente en el camino. Él, inmediatamente, se puso en guardia y comenzó a disminuir la velocidad. Sí, había ocurrido un accidente.
Cuando estuvieron muy cerca del fatídico lugar escucharon los lamentos de la gente, y todos en el ómnibus, muy curiosos, prestaron oídos y miraron por las ventanas.
“Pobres criaturas…” “Fue por proteger a su mascota…” “Juro que no pude hacer nada, se metieron a la carretera de improviso, yo frené pero no pude evitarlo…”
Fue lo que oyeron, porque carros y gente ocultaban a las victimas.
El chofer del ómnibus, conduciendo muy despacio, hizo un giro muy lento para evitar el tumulto a la vez que satisfacía la morbosa curiosidad de sus pasajeros, avanzó unos metros más y se apeó al borde de la carretera, luego presionó un botón ubicado en el tablero de control, entre el encendedor y la radio, y la puerta hidráulica del ómnibus de abrió.
Allí, parado al lado de la carretera y frente a la puerta abierta había un niño sonriendo, llevando en sus brazos a un perrito “Chiguagua”. El niño subió y se sentó en el asiento libre, poniendo a su lado a su querida e inquieta mascota.
“¡Estamos completos!” Anunció el chofer del ómnibus color azul cielo cerrando la puerta y, aumentando la velocidad, se perdió en la larga carretera camino a Los Ángeles.

Copyrights, Michaelangelo Barnez, 2008

20/09/08

Si no, te parto la madre!!!... El cuento.

Hola, mi nombre es Pedro y me acuñaron el alias de “Nadie” por dos motivos. Uno, porque a los siete años de edad me arrojaron a la calle, cuando murió mi madre, y el proxeneta que fungía como mi padre necesitaba el cuarto en que vivíamos para seguir con sus negocios. Y segundo, porque justamente ese año la canción “Pedro Nadie” de un tal Piero estaba de moda. Sí, a esa tierna edad era un hijo de nadie… Pedro Nadie.
“Crecí en la calle” es un decir, una expresión que no significa nada para quienes no saben lo que realmente es ser un niño absolutamente desamparado, que por años deambuló y durmió en la intemperie hasta que… ¿alguien apareció y me recogió? No, hasta que me hice adulto.
Mis únicos “amigos” fueron otros niños de mi misma condición, con quienes formamos nuestra pandilla para poder sobrevivir, es decir robar a diario el pan de cada día. Como podrán imaginarse, no podíamos hacerlo contra gente más fuerte que nosotros, así que me eduqué y me desarrollé dentro del código de conducta callejera, y lo primero que asimilé fue que sólo debíamos atacar a los más débiles. Atacar y robarles a las viejitas y viejitos, mujeres embarazadas o con niños en los brazos, ciegos o lisiados mendigos, u otros niños ricos; fue la manera como aprendí a cuidar de mí.
No está demás decirles que esto no fue una divertida aventura, ni mucho menos, sino una terrible tragedia que me marcó para siempre, porque apenas llegué al grupo, en la noche, los mayores me violaron, y lo repitieron cuantas veces quisieron hasta que aprendí el uso de la navaja, corté a uno y me hice respetar.
La piel se me curtió no sólo del frío y el calor de mi vida callejera, sino de las palizas que soporté en mis peleas con mis propios amigos, otras en contra de bandas enemigas, o cuando caía atrapado por mis victimas o la policía. Desde esa temprana edad aprendí que si alguien se acercaba a mí y levantaba la mano era para atacarme o manosearme; como el cura del catequismo quiso hacerlo a cambio de un plato de comida y un techo en donde dormir, sin imaginarse que mi instinto ya estaba formado y a la primera manoseada le “tajé” la cara con mi inseparable y fiel amiga, mi navaja.
Mas tarde, cuando mis necesidades crecieron, es decir drogarme, empezamos a robar a mayores porque necesitábamos más dinero. Fue cuando comencé a destacarme en el grupo por mi crueldad. Atacaba sin miramientos a quien sea, sin importarme las desventajas por su tamaño o corpulencia. Con la única ventaja que me daba acuchillarlos primero, y luego, cuando gritaban al ver su propia sangre, el grupo lo asaltaba.
Así fue como me convertí en el líder de la banda, claro que primero tuve que “bajarme” al jefe en una pelea limpia, rodeado por todos y a la luz de la luna. Pelea en donde después de recibir varios cortes en los brazos, el hijo de puta cayó en mi trampa de hacerme el más débil, y se confió en el código callejero, cuando fingí caer al suelo. El creyó que era el momento para terminar conmigo, y al levantar su brazo para asestarme la puñalada final, le acerté un certero tajo en los cojones… ¿Murió? No sé, ni nos importaba, porque con el grupo nos fuimos a la playa a celebrar con una bolsa llena de pegamento que inhalábamos para sentirnos felices y vencer el frío, y ni más supimos de él. Ah, no está demás tampoco puntualizar que fue él quien había liderado a quienes me violaron cuando llegué al grupo.
A los 12 años de edad ya tenía mi propia banda, la que nadie me regaló sino gané por mi destreza con la cuchilla y mi crueldad.
Pero a esa edad y de pronto algo empezó a cambiar en mí, algo que yo no podía explicar, y no tenía a nadie a quien preguntar. Mi voz cambiaba, mi pubis se cubrió de vellos y empecé a soñar. Fue justo cuando llegó una niña y su pequeño hermano al grupo, y en la noche quisieron violarla. El ultraje era lo natural para todos nosotros, para nuestro código, sea niño o niña, no había diferencia, todos habíamos pasado por eso como un bautizo… Pero no para mí.
“Nadie la toca carajo!!!… -rugí, y saqué a relucir mi navaja-… y al primero que se le acerque lo descojono!!!”
“Ta bien Pedro Nadie… Ta bien cumpa… si la quieres pa ti solito ta bien” dijo el que fungía de segundo en la banda a pesar de ser mayor que yo.
“No carajo… Desde esta noche no mas bautizos en mi banda”
Esa noche me fui a dormir apartado del grupo, y oculto entre las sombras lloré. Y en la frialdad de mi lecho de cartones y trapos me acordé de mi madre y de la última profesora que tuve en la escuela. Recordé que vivíamos en una pocilga de mierda de un cuarto de hotel, pero era mi casa, mi hogar, en donde mi madre me quería, me daba de comer, y al acostarme me decía al abrigarme “Pedrito, hijito mío, sueña con los angelitos”… entonces lloré, lloré como nunca lo había hecho todos estos años, y entre lagrimas recordé a mis amigos de la escuela y mis juegos… Y los extrañé a todos.
Felizmente había aprendido a leer en la escuela, y desde que viví en la calle y dormía en los basurales leía cuanto periódico o cuento para niños caían en mis manos. Por eso, al día siguiente de prohibir las violaciones empecé a enseñarles a leer a mis amigos, claro está que después de los asaltos. ¿Que creían o esperaban de un niño delincuente como yo? ¿Acaso espero comida y techo gratis? No, aprendí que todo cuesta en la vida y que tengo que ganármelo de la única manera que la sociedad de instruyó. Y al que se acerque con la mano levantada, para golpearme o acariciarme, recibirá un tajo en la cara… o más.
“Si vas a hablarme… hazlo de lejos, cabrón!!!… si no, te parto la madre!!!”
Continuará …?

03/06/08

PURO CUENTO... El Video


Cuentos asombrosos de una vida real, esotérica y entremezclada con ficciones que parecerán verdaderas.
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25/05/08

PURO CUENTO

ce84b18289a72c6e11e5ce4567170682.jpg “Mamá quiero ser Ingeniero!!!”
Le dije a la persona que mas amaba, y quien a la vez era la que más se preocupaba por mi educación. En ese entonces era sólo un imberbe adolescente a punto de terminar la secundaria y que pronto se vería ante la terrible disyuntiva de escoger una especialidad universitaria y, peor aun, escoger la universidad a donde Postular.
“Puro Cuento…” dijeron algunos familiares que no me veían con buenos ojos por lo rebelde de mi carácter.
“Quiero estudiar en la UNI!!!” les conté a mis amigos del colegio y del barrio refiriéndome a la mejor Universidad Nacional de Ingeniería de Latinoamérica (UNI), y la mayoría me felicitó, sólo algunos comprendieron lo difícil que era ingresar a dicha Institución. Pero escuché decir a mis espaldas… “Puro Cuento”.
“Dios Mío… Ya no se puede vivir en el Perú” dijo mi esposa ante la horrenda crisis económica y política que vivía el país. El dinero de nuestro salario era casi inservible y, peor aun, a diario la gente moría en las calles en manos de la represión gubernamental o los atentados terroristas.
“Nos vamos a California!!!” Le respondí como única solución individual a nuestros problemas.
¿A California?... “Puro Cuento” me dijeron muchos en mi propia cara.
“Quiero poner mi propia empresa constructora!!!” le confesé al compañero con quien abríamos una zanja para unos cimientos, usando picos y palas, en el Sur de California.
El bato mejicano, tan ilegal como yo en ese entonces, me miró y sonriendo me dijo “Orale cabrón, déjate de Pinches Cuentos y ponte a trabajar” y yo, recién llegado a gringolandia, entendí que sencillamente me decía “Puro Cuento” al sueño de salir de ese agujero.
“Se llamará Branez Constrution!!!” me dije a mi mismo, en silencio, como una promesa ante la adversidad, mientras las gotas del sudor de mi frente corrían por mis mejillas confundiéndose con las lagrimas de mis ojos.
“Seré Escritor!!!” me dije al cerrar mi empresa constructora y así, un largo estilo de vida, con el mismo entusiasmo como cuando dije querer ser Ingeniero, sólo que ya habían pasado 40 años de mi vida. Claro que iba a ser muy difícil y yo mismo me pregunté ¿Será “Puro Cuento”?
“Excelentísimo Embajador de España…” fue el encabezamiento de mi solicitud para invitarlo a presentar mi primera novela en aquella Casa Cultural… “¿Puro Cuento?”
“Te Veré en Sueños” y luego “La Guerra Santa” son dos de mis novelas publicadas y distribuidas en el Perú y el Sur de California, las que demuestran que mis sueños y proyectos no son “Puro Cuento”.
Sin embargo, hoy les traigo una colección de cuentos y relatos que me propuse escribir como tarea cotidiana para demostrarme a mi mismo que podía ser un obrero de la escritura, trabajar con disciplina ocho horas diarias, además de mis otros proyectos mayores, y atraer la simpatía de mis lectores virtuales de la red de Internet: “Puro Cuento”. No, esta vez no es una burla a proyectos que se creen inalcanzables o incumplidos, sino el titulo de la colección de mis mejores cuentos: “PURO CUENTO”. La que espero que tenga la acogida de todos Uds.
Ahora para que vean que “PURO CUENTO” no es puro cuento los invito a visitar www.lulu.com y buscar el titulo anunciado, o simplemente a través del link:
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27/03/08

¿ACASO SOY... ADICTO AL SEXO?


Estoy en la recamara de un hotel, de cinco estrellas porque esta noche será especial, recostado en la cama, desnudo pero cubierto discretamente, luego de haberme duchado. Tengo mis dedos entrelazados reposando entre mi húmeda nuca y la almohada, en espera que mi pareja salga del baño y venga a recostarse conmigo, a mi lado, para hacer lo que ya teníamos propuesto hacer desde mucho antes que entráramos al hotel. No está demás decir que yo venía preparado para la faena, no había bebido nada de alcohol ni comido mas de un bocado en el preámbulo que hicimos antes de subir a la recamara, porque definitivamente pensaba fornicar toda la noche… ¿Seré adicto al sexo?
Pero ya no soy joven, y ni los ejercicios que hago diario para mantenerme en “forma” (léase: “listo para el sexo”) dan los resultados esperados, y lo que antes era un cóndor ahora es un tímido pingüinito. Así que, con antelación, fui a ver a un doctor para que me recete la bendita pastilla del Viagra. Tengo 60 años de edad, y por lo menos 45 fornicando como gallo loco, y no pude evitar que una idea cruzara mi mente… ¿Seré adicto al sexo?
Entonces apareció la deseada hembra, en el marco de la puerta, vistiendo un breve y transparente “baby doll”, a contraluz entre la semipenumbra de la recamara y la luz del baño, posando, con un brazo en alto y la otra mano apoyada en su carnosa cadera, mirándome seductoramente, muy segura de conseguir su pecaminoso propósito. En mí, lo que tenía que erguirse se irguió, y agradecí a la bendita pastilla azul el milagro. Entonces me quedé absorto mirando su espectacular figura, mientras por mi mente hacía el recuento de la docena de condones de colores y sabores que había traído con mucha ilusión… ¿Seré adicto al sexo?
La opulenta y voluptuosa mujer vino caminando lentamente hacia mí, moviendo sus caderas, para provocarme la libido o, ya provocada en ella misma, por el anhelo de devorar su apetecible bocado que la sabana no podía ocultar.
Yo me mantuve quieto, tranquilo, y seguí recostado en la cama, dejando que ella tome la iniciativa y despliegue todo lo que su imaginación de hembra en celo le provoque hacer. ¿Acaso soy un diablo en la cama? No, soy más que eso, soy viejo y aunque necesito Viagra la experiencia de la vida es mi aliada… ¿Seré adicto al Sexo?
Ella se detuvo a sólo un metro de la cama y empezó a bailar suavemente, girando y contorsionando sus caderas y hombros, haciendo danzar su ombligo, frotando con sus manos las protuberancias y pliegues de su cuerpo, despeinándose y meneando su cabellera, e inclinándose a recoger cosas imaginarias del suelo, sólo para mostrarme la sinopsis de lo que más tarde me enseñaría al detalle, y en mi alma sentí crecer el dulce sabor de la lujuria. Los latidos de mi corazón se acrecentaron y mi respiración se transformó en una secuencia de profundos suspiros. Ella no me miraba a los ojos para no perturbar mi gozo, pero yo creí descubrir en su dulce rostro que la danza erótica la afectaba a ella también, hasta que se quitó el “Baby doll” y vino hacia mí… ¿Seré adicto al sexo? ... Continúa.
El presente trabajo literario es parte mi nuevo libro “PURO CUENTO”. Por favor visitar:
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10/01/08

SOLEDAD


SOLEDAD
Estaba recostado en mi cama,
No dormía, ni estaba despierto.
Era como si flotara
Entre lo real e irreal,
Pensaba o soñaba que pensaba,
Para el caso era lo mismo,
En mi esposa y mis hijos,
Los veía y escuchaba,
Estaba ella sentada en una esquina
Sobre una silla, en el comedor.
Yo creo que soñaba.
Los veía felices y yo era feliz.
Y es cuando tuve una rara sensación,
Pensaba que alguien más estaba aquí,
Parado junto a mí.
Soñaba o pensaba que soñaba.
Para el caso era lo mismo
Porque una mujer elegante y hermosa,
me observaba que estaba recostado en mi cama
No dormía, ni estaba despierto
Yo creo que pensaba.
Y es cuando me dijo:
“Te estuve esperando muchos años
creo que al fin podremos hablar,
sólo te pido que me escuches”
Pensaba o soñaba que pensaba.
Para el caso era lo mismo.
“Quién es usted señora? ¿Qué hace usted acá?”
“Puedo sentarme a los pies de tu cama?
Solo quiero que me escuches”
Yo creo que soñaba.
“No. Por ningún motivo,
yo no la conozco,
ni quiero escucharla”

“Pero yo si te conozco”
Soñaba o pensaba que soñaba
Para el caso era lo mismo.
Porque se sentó a los pies de mi cama.
“Estuve muy cerca de ti,
desde que eras niño,
pero nunca me miraste”
Yo creo que pensaba.
“Cuando fuiste adolescente,
es cuando por primera vez,
nos miramos a los ojos,
pero solo por unos segundos”
Pensaba o soñaba que pensaba.
Para el caso era lo mismo.
“Luego nos vimos otra vez,
estabas rodeado de mucha gente,
pero aun así me miraste,
y yo te sonreí,
pero alguien se interpuso entre los dos”
Yo creo que soñaba.
“Trate de buscar nuevamente tu mirada,
pero no lo logre”

Estaba recostado en mi cama
No dormía, ni estaba despierto.
Soñaba o pensaba que soñaba.
Para el caso era lo mismo,
porque una mujer elegante y hermosa,
Sentada a los pies de mi cama, me observaba.
Era como si flotara
Entre lo real e irreal.
Yo creo que pensaba.
Pensaba, que viéndote bien,
te había soñado en algún lugar.
“Tu rostro me es familiar,
creo que si, si te he visto antes”

Pensaba o soñaba que pensaba.
Para el caso era lo mismo,
Porque te escuchaba.
“Estuve en tu matrimonio,
y cuando brindabas con todos, me miraste,
yo estaba en medio de mucha gente”
Creo que soñaba.
“No. Estabas despierto porque vi tus ojos tristes,
como que me buscaban, y nos miramos,
entonces supe que no te había perdido”
Soñaba o pensaba que soñaba.
Para el caso era lo mismo.
“Pasaron muchos años
y vi como crecieron tus hijos,
estabas tan ocupado con ellos,
que no hubo oportunidad de mirarnos”

Creo que pensaba,
Porque te pregunte
“Cómo te llamas?”
“Soledad”
Pensaba o soñaba que pensaba.
Para el caso era lo mismo,
Porque cada vez te reconocía mas,
Y al escuchar tu nombre,
Te recordé mejor y creí haberte visto antes.
Ahora si, estoy seguro de eso.
Creo que soñaba,
porque me dijiste:
“Quiero recostarme a tu lado,
estoy muy cansada,
te he seguido por mucho tiempo”
Soñaba o pensaba que soñaba
Para el caso era lo mismo,
porque al día siguiente,
cuando desperté,
te encontré, soledad,
Totalmente desnuda en mis brazos.
Creo que pensaba,
Porque te dije:
“Esto no puede ser
amo a mi esposa y a mi familia
y nada te puedo ofrecer”

Pensaba o soñaba que pensaba.
Para el caso era lo mismo,
ya que me rogaste que no te rechace.

“Solo quiero estar junto a ti,
me iré cuando quieras,
sin reclamarte nada”
Creo que soñaba,
porque te acepte.
“Fue en este país donde más busque tus ojos,
pero tu siempre me evitaste”
“Mi esposa, mis hijos, mis negocios, no podía”
Soñaba o pensaba que soñaba.
Para el caso era lo mismo,
porque a mi lado estaba, desnuda,
esta hermosa mujer, que desde mi niñez,
estuvo tratando de acercarse a mí,
Y que hoy, la reconozco más y más.
Creo que pensaba,
porque ahora ella empezaba,
A llenar todos los vacíos de mi vida.
Sí. Siempre estuvo cerca de mí,
Pero siempre la evite.
Pensaba o soñaba que pensaba.
Para el caso era lo mismo,
Porque ahora estaba en mis brazos
“Sí. Estoy en tus brazos y dispuesta
a consumar este amor de años,
por fin se acabó mi espera, mi amor”
Creo que soñaba,
Porque poseí tu cuerpo y tu espíritu.
Sentí el éxtasis de tu virginidad
Y la pasión reprimida de tantos años
“Oh, soledad, tanto me amabas”
Soñaba o pensaba que soñaba.
Para el caso era lo mismo,
Porque desperté y te vi mirándome.
“Me amas?”
“Sí. Mas que ha mi vida”
Ya había olvidado a todos.
Creo que pensaba.
“Ámame, ámame sin limites como yo a ti,
te he esperado por tantos años,
estaba segura que me ibas amar,
por eso quería que me escuchases”
Pensaba o soñaba que pensaba.
Para el caso era lo mismo,
Porque sólo en ti pensaba,
Cuando escuche mi sentencia.
Quería regresar lo mas pronto a ti,
Para darte la noticia.
Creo que soñaba.
“Soledad, despierta, escúchame
te tengo la mayor sorpresa,
Nos casaremos.
Estaremos juntos toda la vida”

Soñaba o pensaba que soñaba
Para el caso era lo mismo.
Porque me reprochaste:
“Tan poco me amas?
Te es suficiente amarme toda la vida?
Yo no te exijo nada, pero, puedo darte mucho mas”
Creo que pensaba.
“Que me puedes dar, soledad, dímelo”
“Podemos amarnos dando la vuelta al mundo,
Y amanecer en la luna.
O hacer el amor en el sol,
y viajar de luna de miel a otra galaxia”
Pensaba o soñaba que pensaba.
Para el caso era lo mismo.
“Sí? Puedes darme eso? Tanto me amas?”
“Sí. Te amo una eternidad.
Podemos visitar todos los lugares de la tierra, y luego,
viajaremos por el universo”
Creo que soñaba.
No puedo creer en tanta felicidad.
“Ho, soledad. Si, llévame contigo”
“Si mi amor, poséeme otra vez,
te daré un orgasmo infinito
y nos iremos de este lugar”
Soñaba o pensaba que soñaba.
Para el caso era lo mismo,
Porque vi mi cuerpo, inerte, recostado en mi cama.
No dormía, ni estaba despierto.
Era como si flotara,
Entre lo real e irreal.
“Y me fui feliz en pos de la eternidad
Con mi compañera, mi Soledad”.

No dormía… ni estaba despierto.
Miguel Ángel Branez Romero.
La Molina, Enero del 2008

17/11/07

EL GENERO ERÓTICO…. ANEXO A “COMO ESCRIBIR UNA NOVELA…”

LIOLA... A LAS PUERTAS DEL CIELO
*La siguiente nota viene de un comentario que hice acerca del Cuento Erótico: “Liona… A las Puertas del Cielo”*
Efectivamente querida Maria Dolores, se requiere un buen estado de ánimo para leer y disfrutar, en Internet, de lo que se está haciendo, especialmente cuando se trata de un cuento equivalente a 20 Págs. que debe de tener las premisas de ser ágil y ameno.
"Liola..." es mi primer cuento del genero Erótico, por lo tanto tuve que lidiar con mucho cuidado dentro de los limites del arte literario para no caer en la pornografía escrita. Para eso tuve que ser muy conciente de la definición y diferencia entre 'Lo Erótico' y Lo Pornográfico'.
El hecho de narrar una historia en donde sus personajes tienen relaciones sexuales no le da a lo escrito la categoría de Erótica; Sólo lo será si la narración, sensual por excelencia, llega a mover la libido del lector y, muy sutilmente, conmover sus hormonas e imaginación al límite de envolverlo en la trama y desear vivir la ficción... Continúa.
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27/10/07

ME FUI A LAS VEGAS... PARTE III.


medium_faulkner3.jpgWILLIAM FAULKNER.
... Les contaba que estábamos, William Faulkner y yo, bebiendo en un bar a medio camino entre Las Vegas y Los Ángeles, cuando dos bailarinas se acercaron a nuestra mesa y nos propusieron hacer compañía.
“¿Podemos hacerles compañía?...-Y debido a los breves segundos de nuestro silencio, agregó inmediatamente-... Ya estamos fuera del trabajo”
William, ni corto ni perezoso, empujó su silla hacia atrás haciendo un espacio entre la mesa y él, y la morena sin dilación se sentó en una de sus rodillas...
…Yo me había distraído sólo un segundo observando la actitud de mi amigo William. El cuadro me resultó sorprendente. Ver a la despampanante mujer negra en las rodillas del gringo sureño de Mississippi a punto de darse un beso francés había hecho saltar, desde la profundidad de mi subconsciente, la basura del prejuicio étnico en el cual había sido educado pasivamente durante años por la sociedad sin haberme dado cuenta. Claro que hoy, como un hombre respetuoso de los derechos humanos, conciente y responsable de mis actos, no aceptaba la discriminación de ningún tipo. Sin embargo la basura depositada por años se movió dentro de mí y su fétido olor me avergonzó. Era increíble, hacía sólo unos minutos que había insultado a mi amigo a causa de un aparente chiste de contenido étnico y ahora mi subconsciente me traicionaba con una idea prejuiciosa.
Pero lo que resultaba aun mas asombroso era la cantidad de pensamientos y emociones que pueden transcurrir por la mente en sólo unos segundos, y cómo, ‘alguien mas’, dentro de ti, asume el control de tus acciones en ese lapso de tiempo.
Lo cierto y concreto era que Julienne, la despampanante rubia de labios carnosos y lunar a lo Cindy Crawford, cuyas redondeses estaban ahora ocultas bajo su ropa, resultaba mucho mas sensual que desnuda. Ella ya estaba en mis rodillas, deslumbrándome con el fulgor del brillo de sus ojos azules y su cautivante sonrisa. Entonces, me abrasó suavemente con la misma confianza y seguridad que sólo suelen tener los amantes o amigos entrañables. Me miró directamente a los ojos y acercó su rostro al mío como dispuesta a… devorarme... Continúa.
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27/01/07

ME FUI A LAS VEGAS, SOLO... PARTE II.

LA HISTORIA DE UNA AMAÑADA ENTREVISTA A WILLIAM FAULKNER...
Estaba completamente anonadado con lo que me decía William, a la vez que sentía una inusitada alegría ya que compartíamos la misma opinión. Primero, por el contraste de su apariencia y su destreza intelectual, lo cual me dejaba en un profundo estado de shock ya que por mas que creía haber superado el prejuicio de juzgar a las personas por su apariencia comprobaba que aun esa lacra discriminatoria social yacía en el fondo de mi ser. Segundo, y lo más importante, William demostraba con sus palabras ser la antitesis del escritor esnobista.
Según íbamos conversando yo había ido cambiando mi concepto acerca del hombre con quien estaba bebiendo. Ahora estaba completamente seguro de que él era realmente el mismísimo William Faulkner, o en el peor de los casos la reencarnación de éste.
Aun así, lo que mi interlocutor fuera en la realidad ya no me importaba, porque lo que afirmaba tenía mucho mas valor que lo que yo podía elucubrar entre el ser o no ser. Lo que él contaba o afirmaba calzaba exactamente, como un ladrillo, en algún lugar de los cimientos que tenía en el fondo mi espíritu, y que estuvieron abandonados por casi 50 años. Y así, poco a poco, empecé a sentirme mas fuerte, mas confiado de mí mismo.
“Así que para escribir sólo necesitas un poco de papel, tabaco, comida y whisky...-repetí, y maliciosamente agregué-... Bourbon?”
“No, no soy tan melindroso. Entre escocés y nada, me quedo con escocés...-me contestó, y de improviso me preguntó-... y tu Michael, a que te dedicas?
La pregunta me sorprendió, y en el tiempo en que bebía mi vaso de cerveza hilvané una respuesta. E increíblemente, en una evaluación del lapso de un segundo, mi vida parecía totalmente vacía en comparación a la de mi interlocutor.
“Me dediqué toda una vida a la Ingeniería Civil. He construido casas, puentes y carreteras por todo California, pero eso es el pasado... Hoy quiero ser escritor... Quiero escribir mi primera novela... Quiero reencontrarme con una aspiración que tuve de adolescente... En ese tiempo escribí muchas cartas de amor a quien hoy es mi esposa, cartas llenas de poemas y cuentos románticos. Recuerdo también que fueron años en que mas leí, y que hubo una novela que me gustó mucho entre muchas, su titulo es ‘La ciudad y los Perros’, de Mario Vargas Llosa, y me dije a mi mismo que algún día escribiré algo así... La leíste tú?”
“Claro... Y también ‘Los Jefes’, ‘La Casa Verde’ y ‘Conversación en la Catedral’... Lastima que el autor muriera tan joven” Afirmó William con convicción.
Yo estaba con los codos apoyados sobre la mesa y al escuchar las ultimas palabras retrocedí y apoyé mi espalda en el espaldar de la silla, y dije asombrado por la incredulidad del hecho “¿Vargas Llosa murió joven? No, William, estas equivocado.”. le refuté.
“Michael, Mario murió hace mucho... Se suicidó... Hoy hay uno por allí, que dice llamarse como el original, y gana mucho dinero... Sí... Ese mismo que noqueó de un puñete en el rostro a García Márquez... Dicen que por un lío de mujeres, o porqué le increpó que se había vendido a la CIA... Michael tu has leído sus novelas?”
“Sí, las mismas que nombraste y algunas otras”
“¿Has leído ‘La Historia de Mayta’?
“Sí”
“¿Que te pareció?”
“Bueno... –dudé en dar una honesta respuesta, pero si uno teme dar una opinión acerca de lo que cree... está perdido. Entonces dije-... William, francamente... creo que es un bodrio”.
“Bodrio es poco mi amigo... Mario nunca había escrito algo con tanta rabia personal, ni con tanto ensañamiento contra la imagen que él creó de sí mismo. Creo que sus demonios pugnaban por salir, clamaban por ser exorcizados, y salieron en forma de esa novela, por eso afirmo que ‘La Historia de Mayta’ fue su vomito literario... -dijo de manera despiadada, y para terminar vaticinó a manera de maldición-... Jamás le darán el Premio Novel en literatura!”.
Yo no estaba para defender a nadie, por muy renombrado que fuera, en los problemas de su vida personal. En su momento, cuando la leí, la novela no me gustó y punto, pero ahora, luego de escuchar a mi amigo mi criterio literario acerca de la novela se aclaraba.
Y para orientar la conversación en otro sentido le dije, “Ganar dinero no te convierte en una persona mala... Además mencionaste la libertad económica. ¿La necesita un escritor?”. Mi interlocutor entendió mi intención de dejar atrás lo superfluo, sonrió y luego de vaciar el vaso de cerveza en sus entrañas me dijo.
“No. El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella.
“Fucking machista...” Me dije para mis adentros por el desacertado ejemplo que había dado William, aunque rápidamente comprendí que tenía que ubicarlo en su época, además de desmitificarlo. Si algo podía aprender de esta inusitada entrevista era comprender al William Faulkner como escritor y persona, como un solo ente, con sus vicios y virtudes, y no como un falso icono de la perfección.
“¿Una jarra más, guapos?” Nos preguntó un par de desnudos globos llenos de silicona. Cuando levanté el rostro y pude retroceder un poco para mirar a quien hizo la pregunta, lo único que pude percibir en un primer instante fue una despampanante silueta, a contraluz con el escenario, una brillante sonrisa en la oscuridad como contraste de la penumbra, y dos puntos azules que asumí como sus ojos. ¿Fue una visión erótica? Para nada. Al contrario, me pareció como si estuviera viendo una calabaza en Halloween.
“Sí... Una más por favor” Se apresuró en contestar mi amigo. ¿Amigos? Sí, después de cinco jarras de cerveza e incontables ácidos comentarios acerca de muchos escritores y sus novelas ya éramos amigos del alma.
“Aquí tienes tu cerveza... Chief” Me dijo la de los globos de silicona y William lanzó una carcajada. Inmediatamente, entre toses y risas, me dijo “Michael, te cree apache... jajaja”
“Fuck you, asshole” le maldije entre risas también.
“Ups...” Dijo la cabeza de calabaza tratando de disculparse.
“Me tiene sin cuidado” le dije sonriendo.
“Mi nombre es Julienne, precioso... y dentro de media hora me voy a casa... pero antes me gustaría bailar para Uds... ¿Qué dices?”.
La pregunta fue directa hacia mi persona. William estaba por responder con una perspicaz salida negativa, pero yo me adelanté.
“Claro Julienne... Me encantaría verte bailar antes de que te vayas a casa” Le dije cortésmente. Y la rubia se fue meneando la cola, prometiendo volver.
“No pudiste negarte... ¿No?”.
Su comentario-pregunta me incomodó, era la segunda vez que mi extrema susceptibilidad étnica me denunciaba un atropello. Y como no tengo pelos en la lengua le dije “Oye sureño mal nacido no te has dado cuenta que los tiempos han cambiado y que la discriminación principal está entre los que tienen mucho y los que no tienen nada... Yo tengo, yo puedo ser amable, invitarte a comer y beber, y pagar por el baile exótico de la guera... en cambio tú... ” e iba a continuar agrediendo verbalmente al gringo William, y posiblemente hubiera arruinado la noche, pero Julienne, acompañada de una despampanante mulata, se hizo presente para el baile acordado.
La magia de ambas mujer estuvo en su aparente muestra de debilidad y la capacidad de contornearse al ritmo de la melodía. Magia que logró borrar cualquier mal humor que hubiéramos podido tener, principalmente en William quien, luego que las chicas se fueron, siguió hablando conmigo como si no hubiera ocurrido nada.
“¿Trabajar para el cine es perjudicial para su propia obra de escritor?” Le pregunté. Y de manera categórica me respondió.
“Nada puede perjudicar la obra de un hombre si éste es un escritor de primera, nada podrá ayudarlo mucho. El problema no existe si el escritor no es de primera, porque ya habrá vendido su alma por una piscina”.
“Dices que el escritor debe transigir cuando trabaja para el cine. ¿Y en cuanto a su propia obra? ¿Tiene alguna obligación con el lector?”.
“Su obligación es hacer su obra lo mejor que pueda hacerla; cualquier obligación que le quede después de eso, puede gastarla como le venga la gana. Yo, por mi parte, estoy demasiado ocupado para preocuparme por el público. No tengo tiempo para pensar en quién me lee. No me interesa la opinión de Juan Lector sobre mi obra ni sobre la de cualquier otro escritor. La norma que tengo que cumplir es la mía, y esa es la que me hace sentir como me siento cuando leo La tentación de Saint Antoine o el Antiguo Testamento. Me hace sentir bien, del mismo modo que observar un pájaro me hace sentir bien. Si reencarnara, sabe usted, me gustaría volver a vivir como un zopilote. Nadie lo odia, ni lo envidia, ni lo quiere, ni lo necesita. Nadie se mete con él, nunca está en peligro y puede comer cualquier cosa.
“¿Qué técnica utiliza para cumplir su norma?”
“Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error. El buen artista cree que nadie sabe lo bastante para darle consejos, tiene una vanidad suprema. No importa cuánto admire al escritor viejo, quiere superarlo.
“Entonces, ¿Niegas la validez de la técnica?”
“De ninguna manera. Algunas veces la técnica arremete y se apodera del sueño antes de que el propio escritor pueda aprehenderlo. Eso es tour de force y la obra terminada es simplemente cuestión de juntar bien los ladrillos, puesto que el escritor probablemente conoce cada una de las palabras que va a usar hasta el fin de la obra antes de escribir la primera. Eso sucedió con Mientras agonizo. No fue fácil. Ningún trabajo honrado lo es. Fue sencillo en cuanto que todo el material estaba ya a la mano. La composición de la obra me llevó sólo unas seis semanas en el tiempo libre que me dejaba un empleo de doce horas al día haciendo trabajo manual. Sencillamente me imaginé un grupo de personas y las sometí a las catástrofes naturales universales, que son la inundación y el fuego, con una motivación natural simple que le diera dirección a su desarrollo. Pero cuando la técnica no interviene, escribir es también más fácil en otro sentido. Porque en mi caso siempre hay un punto en el libro en el que los propios personajes se levantan y toman el mando y completan el trabajo. Eso sucede, digamos, alrededor de la página 275. Claro está que yo no sé lo que sucedería si terminara el libro en la página 274. La cualidad que un artista debe poseer es la objetividad al juzgar su obra, más la honradez y el valor de no engañarse al respecto. Puesto que ninguna de mis obras ha satisfecho mis propias normas, debo juzgarlas sobre la base de aquélla que me causó la mayor aflicción y angustia del mismo modo que la madre ama al hijo que se convirtió en ladrón o asesino más que al que se convirtió en sacerdote”.
“¿Qué obra es ésa?”
“El Sonido y la Furia. La escribí cinco veces distintas, tratando de contar la historia para librarme del sueño que seguiría angustiándome mientras no la contara. Es una tragedia de dos mujeres perdidas: Caddy y su hija. Dilsey es uno de mis personajes favoritos porque es valiente, generosa, dulce y honrada. Es mucho más valiente, honrada y generosa que yo”.
Estábamos con la sexta jarra de cerveza en la mesa y el reloj marcaba ya las 3.00 de la madrugada. Había sido una larga y amena conversación con William, pero, sin estar mareado, ya no deseaba beber más. Fue cuando Julienne y su amiga, la mulata, se acercaron a nuestra mesa, esta vez vestidas en jeans y camisas de franela.
“¿Podemos hacerles compañía?...-Y debido los breves segundos de nuestro silencio, agregó inmediatamente-... Ya estamos fuera del trabajo”
William ni corto un perezoso empujó su silla hacia atrás, y la morena sin dilación se sentó en una de sus rodillas... Yo...
Hasta aquí llegamos hoy con esta amañada historia basada en una entrevista real al gran escritor americano William Faulkner... La misma que continuaremos en una semana... Gracias. Visitar:
http://miguelbranez.spaces.live.com para disfrutar de una experiencia audivisual.

14/01/07

ME FUI A LAS VEGAS, SOLO, A PUTEAR Y EMBORRACHARME

Iba manejando por la carretera interestatal Las Vegas-Los Ángeles de regreso a casa, luego de un fracasado intento de huida de los demonios que llevaba conmigo. Pensé que en la ciudad del pecado me distraería lo suficiente como para alejar la presión que sentía en escribir mi primera novela.
Realmente tenía en mi espíritus una gran compulsión en escribir y para estar a la altura de la tarea a la que debía enfrentarme completamente solo me había inscrito, y culminado también, un curso intensivo de Literatura de seis horas diarias, de lunes a viernes, durante seis meses en la UCLA de Los Ángeles, en donde tuve como profesores a los mas connotados escritores de la Unión Americana.
El curso había sido una gran ayuda en el campo estrictamente técnico, pero además me proporcionó cierta confianza en mi mismo para poder expresar en palabras escritas las ficciones que pugnaban por salir de mi mente. Aun así pesaba mucho mi pasado de 25 años como ingeniero ante una carrera como escritor “cero kilómetros”.
El curso al que me enrolé llevaba el sugestivo nombre de “Como escribir una maldita Novela... Sin morir en el intento”, y hoy después de la investigación realizada y haber revisado todas mis notas teóricas de cómo hacerlo no podía empezar... Parecía que el titulo del curso se había hecho realidad, y la maldita novela amenazaba con liquidarme.
Por eso me fui a Las Vegas, solo, a putear y emborracharme, para así librarme del fantasma que me gritaba “No puedes”. ¿Pero, de donde surgió semejante idea? ¿Acaso algún escritor ahuyentó sus demonios a través de la cura del sexo y el alcohol? Si. Muchos.
Mis profesores me habían contado de manera anecdótica, cuando hablaron acerca de la personalidad de los escritores, especialmente los novelistas, que muchos organizaron bacanales; y recalcaron que “hay que estar medio loco para sentarse durante horas delante de una maquina de escribir, o el procesador de palabras de una computadora, escribiendo historias increíbles con personajes que nunca existieron, y peor aun, hablarles hasta el limite de contradecirse y pelear con ellos... Si, definitivamente los novelistas estamos locos... y sólo a través de nuestros personajes y sus problemas encontramos la cordura”... Continúa.
El presente trabajo literario es parte mi nuevo libro “PURO CUENTO”. Por favor visitar:
http://stores.lulu.com/michaelangelobarnez