19/01/08

EL CAMORY, LA PLAGA Y OTROS RECUERDOS...

El Camory, La Plaga y ...
Era exactamente el verano del 62’ cuando sentí que el mundo cambió para mí. Tenía 14 años y de pronto algo despertó muy dentro de mi espíritu que me hizo percibir una avalancha de sensaciones y experiencias que no lograba entender. Crecí, mi voz se hizo grave y mis axilas y pelvis se enmarañaron de vellos. Y de pronto descubrí una música que traducía el caos de las emociones que fluían por mis venas, además del cóctel de hormonas que me hacían vibrar al ritmo de los bajos y guitarras eléctricas. Claro que el rock ya había aparecido hacía siete años con Elvis Presley, Bill Halley, Chuck Berry y otros, pero para mí aparecieron recién ese verano junto con Paul Anka y Neil Sedaka, a quienes no entendía lo que decían debido al idioma Ingles, lo mismo que yo a mis padres sin tener esa barrera, pero Los Teen Tops tuvieron la virtud de ser los primeros en ponerlo en español.
Desde que nací había escuchado la música peruana, criolla y andina, por la radio y en las aburridísimas fiestas familiares. También era de mi entorno musical las guarachas o música afrocubana, y bien recuerdo a la Sonora Matancera y su larga fila de vocalistas súper estrellas y al trío de Los Compadres. Pero, en general era una música que me entraba por una oreja y salía por la otra, sin alterar para nada de nada en mí, ni tampoco lo esperaba porque jamás había tenido una experiencia que me hiciera saber que había algo más.
Una tarde, justo el 1 de Enero del 62, luego de jugar un partido de fulbito en la pista de patinaje del parque “El Porvenir” hasta el cansancio y la semipenumbra del comienzo de la noche, mi amigo Federico me dijo “Bebe, te invito una chica morada”. “Claro, y yo pongo los Chancais (pasteles)” le respondí, pero añadí “No me llames Bebe… Sólo dime Mikey”. En unos meses más cumpliría 15 años y mis padres, mis hermanos y amigos mas cercanos del barrio me seguían llamando “El Bebe”, y yo ya no lo soportaba. Sólo en el colegio Salesianos, lejos del barrio y mi casa, me llamaba por mi nombre real Michaelangelo, aunque preferían decirme Mike, Mikey o Miki.
Cruzamos la pista de la concurrida avenida Bolívar, abrazados como compadres del alma que éramos, jodiendo a los choferes de los vehículos, que tenían frenar para no atropellarnos mientras les insultábamos degradándoles a sus madres. Y entramos a una pastelería del barrio, justo frente al parque, que sólo la había visto desde lejos destellar su nombre con sus luces de neón… “El Camory”... Continúa.
El presente trabajo literario es parte mi nuevo libro “PURO CUENTO”. Por favor visitar:
http://stores.lulu.com/michaelangelobarnez